miércoles, 8 de noviembre de 2006

Terror - Itsmo. No es Irracionalidad es Ambición al Poder

¿Si te preguntas que irracionales son?
No, No es irracionalidad es ambición al poder,
quieren imponer un gobierno autónomo soberano los de la APPO,
y por que no tal vez un nuevo País.

De larga y tupida barba estilo Rasputin, Flavio Sosa el líder del grupo guerrillero de la APPO nos envió sus guerrilleros aliados al D.F. para detonar 8 bombas.
Este delincuente, vividor del sistema y secuestrador de Oaxaca, ha crecido por una campaña mediática que cubre la TVen sus espacios informativos , Canal de las estrellas, como lo hicieron en pasado con AMLO. ahora Televisa sigue como complice y creador de estos mega rufianes, al darle libremente los microfonos a estos guerrilleros para decir sus declaraciones subersivas en contra del gobierno, en Televisa todos ya fueron amenazados desde aquella entrevista con AMLO y Lopez Doriga.
Como Pueden darle voz a un delincuente y no a la mayoría del pueblo oaxaqueño, haciéndose el mártir y contradiciendose el mismo en todas sus declaraciones.
Lo paradójico, es que sus hijos van a escuelas particulares, el tiene por lo menos 20 permisos de taxis de (Sn. Bartolo Coyotepec) recibe entre 10,000 a 15.000 pesos diarios de cuenta, vive de la extorsión y amenazas para financiar su revueltas, vemos en sus letreros con la hoz y el martillo rezando: "No queremos turistas del Imperio explotador," demostrandro un racismo, una anarquia, un zafarrancho para darle en la madre al turismo, que de eso viven, me pregunto, ¿Cómo es posible que el gobierno y ciudadanía lo sigo tolerando a este delincuente?.
Y mientras el PRD aprovechando este movimiento para colgarse de el.
Es importante exigir al gobierno federal que no haya tregua alguna en la aplicación de la ley. Que no se les otorgue a Flavio Sosa, Florentino López, Zenén Bravo, Rogelio Pensamiento, y los que están a la cabeza de este movimiento sedicioso.
Por Raúl Lozano Punto Político.

¿Por qué no despierta el México bronco?

No odies a tu enemigo,
porque si lo haces,
eres de algún modo su esclavo.
Tu odio nunca será mejor
que tu paz.
Jorge Luis Borges

Nos sorprendemos porque la amenaza
de la violencia parece contagiarse
al mundo de la política,

porque como decía don Jesús Reyes Heroles, el México bronco puede despertar, y lo reafirmamos cuando comprobamos que tenemos, junto con Brasil, el tristemente célebre primer lugar en ejecuciones en América Latina.

En los primeros nueve meses del año ha habido unas mil quinientas por hechos presuntamente relacionados con el narcotráfico: más de cuatrocientas en Guerrero; trescientas dos en Sinaloa; doscientas doce en Baja California; en Michoacán más de trescientas cincuenta; en Tamaulipas 154; en Nuevo León 37, en el DF unas 54.

Hay más muertos en México por la violencia generada por el crimen organizado que en Colombia en plena guerra antinarcóticos y antisubversiva. Prácticamente igualamos en ese sentido a las víctimas de este año en la guerra en Afganistán y superamos a las del enfrentamiento militar entre Israel y Hezbolá en el Líbano.

Al mismo tiempo, en Oaxaca, el centro de la ciudad estuvo tomado más de cien días por un grupo radical que se denomina Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, que quiere imponer un gobierno autónomo, que hace justicia por propia mano e impone desde su propia legalidad hasta su propio huso horario.

En la ciudad de México, el lopezobradorismo se alimenta de la relación con una serie de movimientos que van del Frente Popular Francisco Villa al de los taxistas pirata; del CGH a organizaciones que son presuntamente pantalla de grupos armados.

En Chiapas siguen existiendo regiones del estado que están bajo control de grupos neozapatistas y que imponen su propia legalidad, y en distintas partes del país grupos armados de narcotraficantes o simples pandilleros, controlan plazas, zonas, regiones, ignorando a las autoridades.
Pareciera que el México bronco ya está aquí, ya ha despertado.

Pero decía Maquiavelo que “son muchas las cosas que desde lejos parecen terribles, insoportables, extrañas y cuando te acercas a ellas resultan humanas, soportables, familiares; y por eso se dice que son mayores los sustos que los males”.

Y estamos en un momento en el que probablemente los sustos, diría el ilustre florentino, son mayores que los males. No debemos engañarnos: el riesgo de la violencia política, o de la violencia del crimen organizado buscando interferir en el rumbo político, es real, pero al mismo tiempo, cuando se analiza con mayor profundidad la situación, se puede comprobar que las “condiciones objetivas”, dirían los marxistas, para que ello se transforme en un estallido social no están dadas.

Winston Churchill, ese Maquiavelo británico y contemporáneo, aseguraba que “el político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y explicar después por qué no ocurrió”.

Cuando analizamos las posibilidades de violencia social en México deberíamos seguir el consejo de Churchill: debemos predecir esos hechos y luego explicar por qué no sucedieron.

El problema es que nuestros políticos y buena parte de los medios actúan de la forma exactamente contraria: niegan o crean una realidad alterna y después, cuando ésta les estalla en la cara, tratan de explicarnos por qué se dio ese estallido sin que ellos pudieran predecirlo.

Así sucedió en el 94 en Chiapas con la guerrilla neozapatista: todo mundo lo sabía, había advertencias de todos los organismos de inteligencia, comenzando por los militares, pero no se admitía públicamente su existencia o, cuando era imposible negarla ante la suma de evidencias, se decía que era un fenómeno marginal y bajo control... hasta que le estalló a la administración Salinas en la cara el mismo día de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, marcando su gestión y desestabilizando al país.

Ahora, una y otra vez se niega la participación de grupos armados –organizados en torno a lo que conocemos como el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y sus derivaciones– en diversos sucesos políticos y sociales, cuando resulta evidente su presencia.

Esos grupos participan hoy en la APPO en Oaxaca, tienen intervención destacada en las movilizaciones del lopezobradorismo, mantienen presencia y lazos con grupos tanto políticos como del crimen organizado en Guerrero.

Buena parte de la zona oriente de la ciudad de México muestra su presencia: sin ese componente y su relación con otras actividades criminales, no se explicarían, por ejemplo, los hechos de noviembre de 2004 en Tláhuac, cuando dos policías fueron linchados y quemados vivos, sin que la policía capitalina intentara rescatarlos –lo que en su momento le costó la Secretaría de Seguridad Pública al próximo jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard.

Están presentes en Morelos, Michoacán, Hidalgo. Y, sin embargo, algunas autoridades prefieren cerrar los ojos a esa realidad.
En lugar de negarlos, habría que colocarlos en su justa dimensión.

Historia de una guerrilla
La guerrilla existe en México y ha existido a lo largo de las últimas cuatro décadas. Lo ha hecho con altas y bajas, sin haber logrado una presencia sólida e incluso con etapas de deterioro casi terminal, en lo político e ideológico. Aun así, esas organizaciones logran resurgir de sus cenizas para volver a actuar en el plano político, casi siempre ayudadas por fuerzas que buscan utilizarlas en uno u otro sentido.

Lo que está sucediendo en estos días es una demostración casi paradigmática de esa relación. El EPR y sus derivaciones estaban prácticamente desarticulados luego de los golpes que habían recibido, primero en la ciudad de México por el asesinato a principios de los noventa de unos guardias de seguridad del periódico La Jornada, que llevó a prisión a sus principales dirigentes, y luego por el fracaso de sus atentados contra La Crucecita y Tlaxiaco, que ocasionaron casi su desmantelamiento en Oaxaca, incluyendo la caída de buena parte de su estructura de dirección y de sus recursos materiales y humanos.

Pero hubo dos políticos que negociaron con esos grupos para resucitarlos: el entonces gobernador José Murat les otorgó una suerte de amnistía disfrazada a todos los miembros de esa organización detenidos, incluyendo sus principales dirigentes, y éstos regresaron a su zona de influencia para consolidar sus posiciones. En el DF, Andrés Manuel López Obrador terminó de amnistiar a todos los detenidos eperristas en la capital.

En unos meses, el EPR recuperó a prácticamente todos sus cuadros y lo hizo con alianzas políticas y recursos que le permitieron, en Oaxaca, reorganizarse sólo con el compromiso de no operar militarmente contra el gobierno de Murat; se concentraron en penetrar organizaciones populares y reinsertarse en sus zonas de influencia.

En el DF establecieron una política de masas estrechamente ligada al gobierno capitalino y a las organizaciones más duras del PRD, aquellas relacionadas con René Bejarano, con el Frente Francisco Villa y otras organizaciones clientelares, una afiliación que les permitió, además, actuar con un amplio margen de impunidad. Tienen posiciones en las delegaciones políticas, sobre todo del oriente de la ciudad; en la Universidad de la Ciudad de México, que creó López Obrador, y en todo el ámbito del comercio informal y la piratería, lo que les permite tender, además, un puente hacia los sectores del crimen organizado en la capital.

Existe mucha confusión por la proliferación de siglas y grupos que coexisten en torno al EPR. Sin embargo, luego de sucesivas rupturas internas y reagrupamientos, de escisiones, alianzas y confrontaciones que pueden llegar hasta el punto más alto de violencia interna, no sólo las siglas, sino también los personajes involucrados terminan siendo los mismos. Hoy parecieran existir cuatro agrupamientos principales:

El EPR, que continúa manejando la mayor parte de los recursos materiales y los principales cuadros de la organización, con presencia superior en Oaxaca y el DF.
El Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), formado por militantes con mucha menor formación ideológica, que rompieron con el EPR después de las detenciones en Oaxaca.

Este grupo, hoy muy debilitado, tiene su base sobre todo en Guerrero y estuvo encabezado por el llamado comandante “Antonio” (Jacobo Silva Nogales, actualmente detenido), quien estableció una ambiciosa estrategia de infiltración en el perredismo estatal que luego ha seguido el propio EPR en otros ámbitos.

– El llamado Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVPR), que estuvo encabezado por uno de los primeros comandantes del EZLN, apodado “Francisco” y también en proceso de desaparición.
– Finalmente están las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), que tendrían ligas con el EVPR y que es el grupo que relaciones más estrechas ha establecido con el Consejo General de Huelga (CGH) de la unam y con el Frente Popular Francisco Villa y los distintos agrupamientos que se desprenden de éste.

En los hechos, parece haberse dado un reagrupamiento de la mayoría de estos grupos, particularmente las FARP, en torno al EPR, luego del deterioro sufrido por el ERPI, tanto por sus disputas internas como por la detención de sus dirigentes (muchos de los cuales, a diferencia de los eperristas, no fueron amnistiados), y por su relación con personajes del crimen organizado.
El EPR ha vuelto a ser hegemónico porque se recuperó de la derrota sufrida en 1996-99, luego de la desarticulación de prácticamente toda su estructura en Oaxaca. La amnistía no sólo les devolvió a sus dirigentes, sino que les permitió modificar sus tácticas siguiendo el mismo patrón estratégico de la Guerra Popular Prolongada (GPP) en la que basan su acción.

La GPP se basa en tres frentes: el partidario, que corresponde, en este caso, al llamado Partido Democrático Popular Revolucionario, el ala militar conformada por el Ejército –el EPR mismo–, y el frente amplio, que denominan Frente Popular Revolucionario y que se representaría con bastante precisión en lo que hoy es la Alianza Popular por el Pueblo de Oaxaca.
En el 96 cometieron el grave error de culminar la primera fase de la operación, consolidando una estructura que pensaron era relativamente confiable y con muchos recursos provenientes de distintos secuestros (como los de Joaquín Vargas, Alfredo Harp y Ángel Losada), pero lanzaron ataques militares que demostraron su debilidad en ese sentido: los aislaron de la población, les hicieron perder el control sobre algunos municipios que gobernaban y sobre la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte), donde también tenían fuerte presencia; además dejaron al descubierto a muchos de sus operadores.

Casi todos terminaron detenidos. Al salir de la cárcel, se concentraron en el llamado frente de masas: en volver a penetrar la Sección 22 de los maestros y en la relación con diversos grupos radicales en otras partes del país, como el CGH, las organizaciones como el Frente Popular Francisco Villa y sus derivados, que crecieron al cobijo del gobierno de López Obrador en el DF, particularmente por los lazos que tejieron con ellos los miembros de la corriente que sigue encabezando René Bejarano, y que se ha fortalecido con la presidencia local del PRD en manos de Martí Batres.

No es una estrategia nueva: es la misma de Sendero Luminoso –aunque sin el componente de extrema violencia–, movimiento peruano del que el EPR podría ser considerado hermano menor.
Abimael Guzmán, líder de Sendero, estudió en China entre 1965 y 69 con uno de los fundadores de lo que ahora es el EPR, Florencio El Güero Medrano, un joven michoacano que organizó grupos armados en su estado, Oaxaca, Querétaro y Morelos.

Desde aquellos años se mantuvieron relaciones entre Sendero y los distintos grupos que terminaron dando origen al EPR, y este último utilizó métodos de movilización de masas muy similares a sus hermanos peruanos, comenzando por crear una base social propia para penetrar en el gremio magisterial.

La estrategia fue exitosa en Oaxaca, porque había condiciones objetivas para ello: cuadros con mayor formación e inserción social, penetración real en el magisterio, una sociedad cansada y enojada por muchos agravios, un gobierno autoritario que, además, desatendió el conflicto magisterial en sus inicios y que, cuando quiso retomar el control, ya había perdido la posibilidad de hacerlo.

Y luego del fallido desalojo de junio, las cosas se pusieron sencillas para un EPR que ya había penetrado en la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO): allí se congregó buena parte de la disconformidad social acumulada, incluyendo a numerosos sectores y personalidades que nada tienen que ver con el espíritu y la ideología de ese grupo armado, pero que quieren, legítimamente, cambios en el estado.

Hay que observar con mayor profundidad las cosas. En Oaxaca, o en el Distrito Federal con el lopezobradorismo, se ha abierto un espacio para la actividad de estos grupos que, paradójicamente, la propia dinámica política puede cerrar. En Oaxaca existen condiciones para establecer acuerdos políticos que obliguen a la administración de Ulises Ruiz a realizar los cambios de fondo que buena parte de la sociedad reclama, sin que ello pase necesariamente por la desaparición de poderes en el estado.

Si se avanzara en ese sentido, se terminaría aislando a los sectores eperristas que han penetrado la APPO y la Sección 22 del Sindicato, si éstos se mantienen en sus demandas más radicales. Se aislaría también a los sectores más duros del gobierno estatal, nucleados en torno al ex gobernador Murat y el ex secretario de gobierno, Jorge Franco, que son los que le abrieron la puerta a estas organizaciones con su intolerancia y autoritarismo.

La enorme mayoría de la sociedad oaxaqueña no apoya esa forma de ejercer y entender el poder, pero tampoco está apoyando la toma del centro histórico de la ciudad por estos grupos, la justicia por propia mano y el evidente deterioro social, político y económico que genera la APPO.
En el Distrito Federal, el quebranto del llamado Movimiento de Resistencia Cívica es evidente. La encuesta divulgada por la empresa Ulises Beltrán y asociados, el 11 de septiembre pasado, no deja lugar a dudas y exhibe datos demoledores en este sentido: sólo el siete por ciento de los encuestados está a favor de la llamada resistencia civil, mientras que apenas un cinco por ciento apoyaba los plantones en el Centro Histórico y Reforma.

El 86 por ciento estuvo en desacuerdo con la toma de la tribuna en San Lázaro. La imagen de López Obrador, hoy, es la que concentra más negativos en el escenario político nacional: 59 por ciento tiene una mala opinión del tabasqueño (en julio las opiniones negativas eran de apenas 33 por ciento), en tanto que el 66 por ciento tiene una buena o muy buena opinión de Felipe Calderón.

Mientras que el 2 de julio votó por López Obrador casi el 35 por ciento, hoy sólo votaría por él un 18 por ciento. El 61 por ciento opina que debe aceptar y aprovechar el diálogo que le ofrece Calderón. El 54 por ciento de los encuestados lo percibe “débil”, el 71 por ciento “fuera de sí”, el 74 por ciento “sin disposición a dialogar”, el 76 por ciento “desesperado” y el 74 por ciento “intransigente”. Pocas veces he visto un derrumbe político tan espectacular.

Es obvio que la sociedad mexicana no ha acompañado la aventura de López Obrador y menos aún respalda las acciones de los grupos radicales amparados en su causa.

En el principio estaba Atenco
Eso se demostró, antes de las elecciones, con la desarticulación y la falta de respaldo popular a otro ambicioso proyecto de estas organizaciones: establecer en Atenco una suerte de “Aguascalientes” capitalino, que sirviera como base de operación de un renovado movimiento alternativo. La Otra Campaña de “Marcos” tuvo ese objetivo. Luego de doce años recluido en Chiapas, con muchas de las comunidades neozapatistas fuera de control, “Marcos” decidió buscar la articulación de un movimiento nacional, aprovechando la coyuntura electoral.

La intención fue realizar una gira nacional que le permitiera sumar, en un mismo proyecto, a las decenas de organizaciones populares radicales del país que simpatizan con formas de lucha “extraparlamentarias” (como se les decía en los años ochenta), que tienen simpatía por la guerrilla pero no forman parte de ella. “Marcos” debió afrontar tres grandes fracasos con la llamada Otra Campaña: En su gira por los estados, la mayoría de esas organizaciones “hermanas” no le hicieron caso, ni le reconocieron un liderazgo automático, ni se sumaron a su proyecto: doce años es mucho tiempo.

En ese contexto, decidió quedarse en la ciudad de México y perdió toda visibilidad política. Intentó recuperarla estableciendo una base de operaciones, un “Aguascalientes” –Atenco–, de la mano del dirigente Ignacio del Valle, que le habría servido, además, para restablecer la relación con varios de los grupos de superficie del eperrismo. Los errores políticos cometidos por los dirigentes atenquenses y su apuesta por las acciones violentas antes de las elecciones –pensando que no habría reacción de las autoridades– los hicieron perder todo: no sólo el movimiento fue reprimido, desarticulado y sus principales dirigentes detenidos, sino que, además, esa acción tuvo un amplio respaldo social. Atenco, como movimiento social, desapareció y “Marcos” deambula hoy por el país olvidado por los medios.

Y los movimientos de la APPO en Oaxaca y de la resistencia civil lopezobradorista parecen estar siguiendo, paso a paso, el mismo camino del neozapatismo antes y después de Atenco.

El EPR no tiene quien le escriba
¿Qué sucede entonces con el EPR? ¿Se ha logrado consolidar como una opción no sólo para suplantar en el imaginario insurgente al neozapatismo, sino también como una alternativa que pueda influir en los movimientos sociales radicales en ciernes? Lo más probable es que no pueda ser así.
El EPR no tiene una fuerza militar capaz de desestabilizar el país, incluso de actuar con consistencia como una guerrilla rural o urbana: en la actualidad cuenta con unos doscientos milicianos relativamente bien armados (una cifra similar a la que tiene hoy el EZLN en Chiapas –milicianos, por cierto, que ya no parecen obedecer órdenes del grupo de “Marcos”), pero que, si comenzaran a actuar militarmente, como ocurrió en el 94 con el EZLN y en el 96 con el EPR, podrían ser desarticulados con facilidad por las fuerzas de seguridad del Estado.

Por esa razón, luego de las amnistías que recibieron los eperristas, han decidido concentrarse en sus frentes de masas. Allí están trabajando con éxito, sobre todo en Oaxaca y la capital. Pero, en la misma medida en que intentan llevar los respectivos movimientos hacia su radicalización, éstos pierden base social y sus dirigentes se exponen a aislarse y a poder ser reprimidos con facilidad. El ejemplo más claro al respecto se dio con Ignacio del Valle y los otros dirigentes de Atenco: cuando dieron un paso en falso y apostaron a la violencia, terminaron detenidos y desarticulados.

En el caso del EPR existen también otros elementos importantes para tomar la decisión de concentrarse en lo que ellos denominan la política frentista: han sufrido algunos golpes duros y el principal de ellos fue la detención de los hermanos Cerezo Contreras (en realidad su apellido es Cruz Canseco y son hijos de los fundadores y principales dirigentes del EPR), que expuso su organización, demostró que las autoridades federales conocían mucho más de su estructura de lo que ellos pensaban y los llevó a alejarse, incluso, de la exitosa estrategia de secuestros de alto impacto que habían llevado en el pasado. Por lo tanto, hoy no cuentan con recursos tan importantes como los que tenían hasta las grandes detenciones que sufrieron en el 96-99.

El llamado ERPI sí sigue realizando secuestros, sobre todo en el ámbito local de Guerrero y en menor medida Morelos, pero este grupo ha degenerado ideológicamente: como en el pasado otras organizaciones armadas surgidas en Guerrero –recordemos que la mayoría de los integrantes del ERPI provienen del viejo Partido de los Pobres–, están entremezclados con grupos delincuenciales y del crimen organizado.

Por lo tanto, estos grupos tienen hoy un terreno social que explotar, pero no pueden hacerlo avanzar hacia sus objetivos. No cuentan con liderazgos nacionales (“Marcos” ya no lo es, el EPR no lo tiene, y, a pesar de su desapego con la realidad y su mesianismo, López Obrador no les sirve para ello); el resultado electoral una vez más les fue adverso; las condiciones sociales y económicas tampoco permiten su expansión e incluso existen válvulas de escape, como la migración y los programas sociales, desde el añejo Solidaridad hasta el actual Oportunidades, que han permitido canalizar y amortiguar la presión social.

Este escenario es el que impide que muchas de las acciones desestabilizadoras que se perciben en el país, que la violencia que genera el crimen organizado, que el descontrol que siguen teniendo las autoridades en distintos ámbitos o incluso que la impunidad callejera que se extiende en muchas de las grandes ciudades, se termine convirtiendo en estallidos sociales, en una violencia políticamente articulada, en un movimiento social que haga de veras tambalear o caer las instituciones democráticas, pese a la vulnerabilidad que éstas exhiben y la endeble cultura democrática que sigue mostrando nuestra clase política.

Si a eso le sumamos el rechazo social a la violencia, comprobaremos que, pese a lo que vemos cotidianamente en algunos puntos del país, el estallido del México bronco parece estar lejano, no obstante –hay que insistir en ello– las insuficiencias gubernamentales, la inhibición en el uso de la fuerza pública, las deficiencias y deformaciones de nuestra clase política y la debilidad de algunas instituciones. Y pese, también, a una guerrilla que existe pero que no puede trascender. por Jorge Fernández Menéndez

SIN MASCARAS LA GUERRILLA MEXICANA REAPARECE PARA INTIMIDAR AL GOBIERNO DE FOX

Obvias las señales que mandan grupos guerrilleros
contra del gobierno y sus aliados.
Bombazos ligados a Oaxaca.
El PRI, presionado
para provocar la renuncia de Ulises Ruiz


No era difícil saber quiénes eran los autores de los bombazos en las oficinas centrales del PRI, así como en la fachada del TRIFE y sucursales del Scotiabank. Fueron cinco paquetes con explosivos manejados con sistemas electrónicos a control remoto, de los cuales tres estallados y dos mas quedaron como manifiesto del interés de los terroristas de dejar la firma de la casa.

Los grupos, a pesar de lo dicho por Flavio Sosa, líder de la APPO, tiene la firma de grupos guerrilleros ligados a ese organismo que ha puesto en jaque a las mismas autoridades federales.
El mensaje era claro. Primero se ataca al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, por una parte que quedó debilitada luego de la presión ejercida por el PRD al perder las elecciones con su candidato Andrés Manuel López Obrador.

Después llega el ataque al PRI, que es precisamente el actor principal del conflicto oaxaqueño y que mueve todos sus hilos para provocar la caída de Ulises Ruiz, para el año próximo y evitar así elecciones extraordinarias que harían perder el poder a ese partido, ya que lsa encuestas darían al PRD como vencedor virtual de una contienda en el corto plazo. Esto, obviamente, no le convendría, tampoco, al Partido Acción Nacional. Todo es estrategia política para enfrentar al enemigo en común que es la izquierda.

Esta, por su arte, tiene un papel muy activo en el movimiento que efectúa la APPO en Oaxaca y algunos de los dirigentes de esos grupos guerrilleros, formaron parte del Partido Comunista y están dispuestos a dar la vida con el fin de acabar con el sistema contra el cual han luchado por décadas con resultados desastrosos para ellos y para el país.

Las explosiones fueron reivindicados por grupos que tiene perfectamente identificados los servicios de inteligencia de la Secretaría de Defensa Nacional y de Gobernación, así como el Estado Mayor de la Presidencia de la República. Los guerrilleros, que hicieron esos actos terroristas, están plenamente identificados por las autoridades, pero no pueden hacer nada contra ello, a pesar de sus acciones ilegales.

Ahora la pregunta será: ¿El gobierno de Fox y la estructura del PRI, cederán a las presiones y entregarán Oaxaca a la guerrilla? El miedo podría ser el peor consejero, cuando se tienen pesadillas despiertos.

PODEROSOS CABALLEROS. No entendíamos el motivo por el cual la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, feudo aún de Pedro Cerisola, no enviaba señales de interferencia a Radio Universidad Benito Juárez de Oaxaca y acabar con sus transmisiones subversivas. Ayer, se inició la interferencia y se acabó el envío de mensajes de esa Universidad, la Benito Juárez, que ha sido el refugio de los mas radicales personajes de la política oaxaqueña y en donde se han gestado los golpes mas severos en contra del gobierno en los últimos días.

El rector de esa universidad de su sobrino del que fue rector en otra crisis política en esa entidad y que no llegó a los niveles actuales, Felipe Martínez Soriano. Las dos hijas de éste personaje anarquista fueran identificados por los servicios de inteligencia del gobierno como instigadores de la violencia. A ojos de todo mundo, es claro que a pesar de tener la información política, el gobierno de Vicente Fox no actúo. Algunos piensan que fue plan con maña para dejarle el conflicto a su sucesor Felipe Calderón.
Un conflicto que podrían haber sido resuelto en forma doméstica.
POR VICTOR SANCHEZ BAÑOS

martes, 7 de noviembre de 2006

Son Bien Pacíficos, nada más 8 bombas el D.F.

Faltan Huevos para imponer
el orden al país.
Antes de que se de un
megazafarrancho oaxaqueñizado


Son Cinco grupos guerrilleros que se adjudican hoy de las explosiones por bombas esta madrugada en la capital mexicana, utilizaron explosivos altamente poderosos, Semtex, estos son usados por terroristas en el mundo, amenazan con más acciones guerrilleras si no aceptan sus condiciones en el estado de Oaxaca. Para defender al pueblo, dicen, van contra el PRI y la derecha.
Los grupos guerrilleros que integran esa coordinadora son: el Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (MRLCB), Tendencia Democrática Revolucionaria-Ejército del Pueblo (TDR-EP), Brigada de Ajusticiamiento 2 de Diciembre (BA-2D) y Brigadas Populares de Liberación (BPL). Organización Insurgente Primero de Mayo (OI1PM), grupos ya identificados y algunos se les conoce por sus nexos políticos con partidos como el PRD.
Los de la APPO actúan como guerrilla urbana solapada entre negociaciones y peticiones absurdas.

Ya se esperaba un ataque con explosiones de este tipo, los de la APPO enviaron un comunicado a los medios en donde dicen que se deslindan de ellas, ¡vaya, vaya¡, que ingenuidad en creer sus declaraciones de “¡Yo no fui… yo no fui!”, quien sabe. realmente creen que somos estupidos. bola de mentirosos , ahora sacan el cobre con sus ataques explosivos.

En la “Esquina de la Crónica” comentan “Ahí están los frutos del terrorismo verbal de López Obrador. Ya encontró quien materialice los odios que dispara a diario. Los blancos de las bombas fueron los que, según él, financiaron la “campaña sucia” en su contra (los bancos). Los que se amafiaron con el PAN para desplazarlo (el PRI). Y la institución que mandó al diablo porque “le robó” la elección, el Trife.”
López Obrador culpó de los bombazos a los empresarios, a priistas y a las instituciones que “convalidaron el fraude”. Es decir, las víctimas de la agresión fueron las culpables de que les hayan puesto bombas.
Como dicen los abogados: a confesión de parte, relevo de pruebas. López Obrador está del lado de los terroristas. Él es su inspiración. Y ahora sale en su defensa.

Así es AMLO fue preparando terreno de un resentimiento político a los simpatizantes radicales del PRD y grupos guerrilleros de Oaxaca que ya existían desde varias décadas atrás.
No podían esperar otra cosa, venimos escuchando el mismo discurso de lenguaje amenazador y violento antes del PRD ahora, APPO y su grupo de guerrilleros.

Sus peticiones van Contra el PRIAN, la usurpación de la Presidencia, y las empresas de todo el país , bancos, y las instituciones políticas y el gobierno espurio de Fox y el próximo de Felipe Calderón. Y la demanda de destitución o renuncia de Ulises Ruiz mientras permanezca oficialmente en la gubernatura oaxaqueña.
Los guerrilleros ya amenazan con actuar contra las principales 40 empresas nacionales y trasnacionales del país, contra las instituciones políticas y gubernamentales "espurias" que a su juicio "financiaron" y efectuaron un "fraude de Estado" en las elecciones presidenciales del pasado 2 de julio.

Por último el escrito de alerta “contra todo intento gubernamental de usar nuestro accionar político-militar como pretexto para generar psicosis en la ciudadanía y seguir reprimiendo a las diversas organizaciones y movimientos civiles y pacíficos”, y condena “la violencia neoliberal institucionalizada” en contra del pueblo en Sicartsa, Atento, Guerrero, Chiapas y Oaxaca.

Cinco meses ha durado el conflicto que ha degenerando hasta convertir a Oaxaca en un problema de seguridad nacional, Carlos Abascal secretario de Gobernación marco su objetivo central de retrasar la entrada de la PFP para dar tiempo a las negociaciones. La estrategia fallo y Abascal ya no pudo garantizar el cumplimiento de esa misión, y la APPO lo desconoció como negociador representante del gobierno y ahora exige negociar directamente con Vicente Fox.

Por a mañana del 5 de noviembre, el sub comandante Marcos se pronunciaba desde Durango, que el presidente electo “no va a durar seis años, porque se enfrenta a un problema de descontento con diversas organizaciones sociales, de diferentes sectores que están inconformes por la manera que llegó Calderon al poder, “y eso lo va a acabar”.
Esas declaraciones son de panfleto comunista del pasado y no se cansan de repetirlo como discos rayados, los perredistas y Appistas.

Los problemas empezaran a tomar mas color, dentro de tres semanas y media cuando cambie el gobierno federal con Felipe Calderón y en dos semanas proximas cuando se corone el autoproclamado legítimo, AMLO.
Van a continuar los perredistas con sus disturbios políticos en la capital con rebote a los de la APPO y 22 en Oaxaca en medio de agitadores e ineptos.
Ahora quien va tener los huevos para controlar un posible megazafarrancho.
Por Raul Lozano. Punto Politico.

Oaxaca: Conflicto trabado por política

La crisis en Oaxaca no es la primera ni será la última.
Ni en Oaxaca ni en el país.
Por tanto, los buscadores de soluciones
deberían acudir a las experiencias del pasado
para buscar alguna forma de solución
Si el conflicto en Oaxaca se sigue sólo a través de las noticias en medios,
entonces podría llegarse a la conclusión que todo se reduciría a la salida del gobernador Ulises Ruiz.
Sin embargo, el asunto es mucho más complejo.
A Oaxaca le falta un nuevo marco conceptual de análisis e interpretación política de la realidad.

El gobernador ha centrado su discurso en su no renuncia. La APPO ha reducido su mensaje a las declaraciones de Flavio Sosa y ahí encontramos subyacente el slogan de “patria o muerte; venceremos”, aunque sin ninguna puerta de salida. Y silenciosamente, la sección 22 de maestros se ha marginado del conflicto porque ya obtuvo beneficios personales para sus agremiados a costa obviamente del resto de la clase obrera.

Y el peso específico de los análisis del conflicto ha corrido a cuenta de columnistas y editorialistas que manifestaron simpatía por la candidatura de López Obrador, votaron por el PRD y no han reconocido el resultado institucional de las autoridades electorales. Por tanto, su esquema de interpretación sobre los acontecimientos en Oaxaca han de pasar por el filtro de la lucha postelectoral y anti sistémica de López Obrador, el PRD y el Frente AMLO.
De ahí, por tanto, que la lectura política inducida sobre Oaxaca haya perdido los escenarios del análisis plural y abierto. Nadie, por ejemplo, se ha preocupado por revisar y analizar los datos que se han publicado del Pacto de Gobernabilidad que suscribieron informalmente organizaciones ciudadanas y obligadamente grupos políticos locales.

El Pacto le daría al conflicto otro marco de análisis. Tampoco ha habido una revisión de los datos biográficos de los dirigentes de la APPO y la 22 de la misma manera que se han difundido profusamente los datos biográficos del gobernador Ruiz. Al final, los dirigentes de la APPO y la 22 estuvieron a sueldo de los diferentes gobiernos estatales.

El otro error de interpretación radica en la ausencia de la sociedad sin partido y sin militancia. Nadie parece tomarlos en cuenta. Pero ahí están. El análisis esquemático de la crisis en Oaxaca se ha reducido al choque entre Ulises Ruiz y la APPO. Y los ciudadanos que exigen paz se acomodan arbitrariamente en esos análisis en cualquiera de los dos cajones interpretativos.

Basta que un ciudadano aplauda la presencia de la policía federal preventiva para que lo acusen de vendido al gobierno estatal. Y es suficiente con que algún otro ciudadano se niegue a condenar a la APPO con el argumento de que el origen de la crisis es la pobreza para que lo coloquen como un representante de los radicales. Y puede resultar que esos ciudadanos no militan en ningún bando y sólo expresan sus razones.

Oaxaca, por tanto, exige un modelo de interpretación diferente, plural, al margen de los grupos en conflicto. Por eso la renuncia del gobernador no resolverá la crisis ni el encarcelamiento de la dirigencia de la APPO podría alivias las tensiones. Los analistas no han estudiando a fondo la crisis política de 1968 y la exigencia a modificar los esquemas interpretativos de los conflictos. Hoy nadie se atreve a criticar al CNH pero el maximalismo estudiantil llevó a la represión y la ceguera oficial motivó la tragedia.

La de Oaxaca, en consecuencia, es una crisis de sistema, no un choque de personalidades. Por tanto, hay que debatir la construcción de un nuevo sistema sociopolítico para encontrar una salida. Claro, si alguien está pensando en buscar una solución, no en ajustar cuentas entre grupos.

NI PRIMERA NI ÚLTIMA
La crisis en Oaxaca no es la primera ni será la última. Ni en Oaxaca ni en el país. Por tanto, los buscadores de soluciones deberían acudir a las experiencias del pasado para buscar alguna forma de solución. Los conflictos políticos con entallamiento de violencia han sido producto del endurecimiento gubernamental, ante el apasionamiento popular. Asimismo, han estallado en el contexto de un sistema político priísta cerrado e inflexible, con dominio hegemónico del partido en el poder.

En este contexto, Oaxaca podría ser considerado como el primer conflicto violento del sistema político priísta en transición, sin hegemonía del PRI y con instituciones plurales. De ahí que soluciones al viejo estilo como la renuncia del gobernador, la represión abierta y la corrupción sean, de origen, ineficaces.

Lo malo, en todo caso, es que el nuevo régimen político democrático no sólo no está consolidado sino que podría decirse que ni siquiera existe, ya que el país apenas ha definido un reacomodo de grupos ideológicos en los diferentes niveles de poder.

Si la represión en sí está descartada por falta de cohesión en el poder, si la corrupción resultó ineficaz en el principio del conflicto y si los despidos sólo cambian a titulares pero mantienen la estructura de dominación política de los cacicazgos, entonces el desafío de Oaxaca es más político que de fuerza. Este escenario no ha sido entendido ni por los protagonistas, ni por el gobierno federal, ni por las instituciones política colaterales, ni por los medios de comunicación encargados de interpretar la realidad.

La historia política de las tensiones sociales tiene una forma funcional de periodización: de la Constitución de 1917 a 1950, cuando las protestas eran absorbidas por el sistema político para convertirlas en partes estructurales del Estado. Ahí nació el PRI. A favor corrió el hecho de que los hombres del sistema habían sido combatientes de la revolución: había liderazgo político reconocido o había también fuerza para las liquidaciones físicas de los disidentes.

De 1950 a 1971, el Estado se separó de las fuerzas sociales y entonces las protestas a las protestas sociales fue la represión. Se trataba de la fase de pérdida de liderazgo social y político de los funcionarios y la burocratización del poder y del Estado. Del otro lado, las primeras disidencias estallaron contra los sistemas provenientes de organizaciones sociales proletarias que quedaron bastante animadas por el espíritu social y socialista de la revolución mexicana: pobreros, estudiantes, campesinos y clases medias, todas ellas exigiendo el cumplimiento de las promesas de bienestar de la Revolución Mexicana.

De 1971 a 1985, el sistema político priísta perdió consenso y el factor imitación de la Revolución Cubana impulsó la lucha disidente armada. El Estado contestó con la fuerza y su aparato de represión. La guerra sucia fue una extensión del conflicto económico y social en un sistema dominado por promesas de justicia y bienestar pero políticas de gobierno incapaces de cumplir con ellas. La disidencia rompió con los acuerdos de tolerancia y entendimiento mínimos y el sistema político no sólo no se abrió sino que se selló a piedra y lodo.

De 1985 al 2000 ocurrió el agotamiento político y social del sistema priísta y los avances democratizadores ya no pudieron contenerse con la represión. El Estado priísta tuvo que compartir el poder con la oposición y en el 2000 perdió la presidencia de la república como el símbolo monárquico del poder. Las disidencias tuvieron que ser toleradas porque el Estado priísta carecía de fuerza y complicidades y las oposiciones encontraron el camino fácil de la calle para conseguir avances.

La alternancia partidista en la presidencia de la república en el 2000 modificó las reglas pero no definió los nuevos reglamentos. Ahora basta una disidencia armada en la calle con violencia para paralizar al Estado. El uso de la fuerza está impedido de llegar a la represión por lo que ha perdido eficacia no sólo contra la protesta social sino contra el mundo criminal. Oaxaca es, en este contexto, el primer gran conflicto del nuevo régimen, pero sin que el sistema político de relevo esté definido y consolidado. Y al no existir canales de protesta-solución, entonces el riesgo que enfrentan sociedades en sistemas no definidos es el de la anarquía.

El único camino de solución real de la crisis en Oaxaca radicaría en su enfoque político-sistémico y en aprovechar el impulso para definir nuevas reglas y reglamentos pero sobre todo para fijar con claridad la existencia de una autoridad democrática. Si no, entonces Oaxaca sería el primer ejemplo de la comuna que promueve López Obrador.
Por Carlos Ramirez. Indicador Politico.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Amlo en su segundo acto, EL Gabinete Fantasma

Su rebelión contra
las instituciones,
su gabinetazo fantasma
y su próxima
autoproclamación
de Presidente legitimo,
queda ya como
una vulgar farsa política
que no tiene mas congruencia ni validez alguna.

Era de esperarse, necio, poseído por el caudillismo libertador, formara su gabinete ilegitimo.
AMLO ya requiere con extrema urgencia de un psiquiatra, su megalomanía delirante no acepta su derrota política, el sigue con su farsa de proyecto presidencial alterno y ahora hace la presentación, de los 12 integrantes de su gabinete fantasma en el Teatro de la Ciudad.

César Yáñez Centeno el vocero de López Obrador, presentó el gabinete que lo integran la misma gata revolcada de perredistas, veamos.
En la Secretaría de Relaciones Políticas, José Agustín Ortiz Pinchetti quien fuera secretario de Gobierno de López Obrador; a AMLO se le olvidó que Ortiz Pinchetti fue tan mal elemento que tuvo que correrlo, luego de culparlo por no haberse hecho cargo de parar las obras en el predio El Encino, como lo ordenaba un juez, y que fue lo que inicio el fallido drama del desafuero.

En la Secretaría de Relaciones Internacionales el embajador Gustavo Iruegas, diplomático de carrera que rompió con el canciller Jorge Castañeda. Un diplomático de carrera que siempre anheló la cancillería, a toda costa, la buscó primero con Vicente Fox y después con Felipe Calderón, pero finalmente se le hizo con El Peje.

En la Secretaría de Justicia y Seguridad, el nefasto procurador capitalino Bernardo Bátiz; en la Secretaría para la Honestidad y la Austeridad Republicana, el ex oficial mayor del GDF, Octavio Romero Oropeza, El despachador, el mismo que autorizaba envío de camiones y todo tipo de enseres del gobierno del DF al municipio tabasqueño de Macuspana, gobernado por el hermano de su patrón.

En la Secretaría de la Hacienda Pública, Mario di Costanzo, asesor económico de la diputación federal del PRD en distintas legislaturas, y hasta hace unos días un fantasma desempleado y reincorporado a la nómina de la Cámara por Convergencia.

En la Secretaría de Desarrollo Económico y Ecología, Luis Linares, ex funcionario de las secretarías de Programación y Presupuesto, Comercio e ISSSTE; además acompañará a López Obrador en la Secretaría de Patrimonio Nacional, Claudia Sheinbaum. Ella fungió como secretaria de Medio Ambiente, cargo que desempeño ocultando los manejos de dinero de los segundos pisos y el metrobus.

En la Secretaría de Trabajo, la contralora del GDF desde el año 2000, Bertha Elena Luján, cuya misión será empujar una reforma laboral integral; en la Secretaría para el Estado de Bienestar, Martha Elvia Pérez Bejarano, quien se desempeña como secretaria de Desarrollo Social del GDF, ex secretaria de Desarrollo Social que se vio forzada a renunciar al ser descubierta en apoyo a la campaña del Peje como funcionaria pública.

En la Secretaría de Educación, Ciencia y Tecnología, Raquel Sosa, quien fuera secretaria de Desarrollo Social y de Cultura del GDF y fuera despedida por López Obrador de Desarrollo Social para darle su lugar a Marcelo Ebrard, cuando éste fue destituido por Vicente Fox de la Secretaría de Seguridad por inepto; en la Secretaría de Sector Salud, Asa Cristina Laurell, y en la Secretaría de Asentamientos Humanos, estará Laura Itzel Castillo.

Además de seis hombres y seis mujeres, que incorporó a su gabinete a cinco seguidores perredistas, entre ellos La escritora Elena Poniatowska, Rogelio Ramírez de la O, Federico Arreola, Ignacio Marván y José María Pérez Gay que fungirán como sus consejeros.

¿Me pregunto en que puestos importantes van a quedar, los mercenarios políticos desempleados como Manuel Camacho, Porfirio Muños Ledo, y otras sabandijas como Noroña, Cota, Batres, Bejarano, Padierna, Imaz, Ortega?

¿Me pregunto de que presupuesto van a vivir el gobierno de Pejelandia? ¿De cuanto van a ser los sueldos que van a ganar los flamantes ministros? ¿O van argumentar que son puestos honorarios sin goce de sueldo?.

Hace unos dias salió en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, el diario de gobierno capitalino, en donde reconoce el bando solemne que declara a Calderón como presidente electo. Entonces ahora Alejandro Encinas y todos los funcionarios lopezobradoristas en el GDF deberían de renunciar a sus cargos para refundar el gobierno capitalino “legítimo de AMLO” pero fuera de las únicas instituciones que reconoce la república.

Por lo tanto Amlo nos muestra una realidad política absurda e incongruente, su rebelión contra las instituciones, su gabinetazo fantasma y su próxima autoproclamación de Presidente legitimo, queda ya como una vulgar farsa política que no tiene mas congruencia ni validez alguna, únicamente para los resentidos políticos que no supieron perder.
Por Raul Lozano. Punto Politico.

viernes, 3 de noviembre de 2006

El Peje Pelele

Su partido de ratas al descubierto (PRD)
hacen sus preparativos para su próxima
“entronización real y legítima de su republica de Pejelandia”
Como Presidente Legítimo Pelele. Patético.


López Obrador, y ese “gallo ahora lo convirtieron en plumero”

En días pasados López Obrador aprovecho para dar uno de sus pronunciamientos en el hemiciclo a Juárez en apoyo de los manifestantes de Oaxaca los de la (APPO), lo dejaron hablar ante unos cuantos lopistas y perredistas, pero a la mitad del discurso lo ignoraron y después iniciaron su marcha que tenían anunciada, esa acción marco la ruptura entre AMLO y la APPO, quedando como otra derrota mas, ahí quedo, como un vulgar Pelele ante la APPO.

Se le acabo el poder de convocatoria, así de simple, no hay más. No hay mas ideas. No hay más proposiciones. Solamente confrontamientos políticos en contra de las leyes y el estado.

López Obrador apareció en el D.F. después de las elecciones de Tabasco con una imagen ya desgastada, de perdedor, el ha perdido credibilidad y popularidad ante sus seguidores, escuchamos sus arrebatos y complots por años, contra el innombrable de Salinas, después fue el Traidor de Fox, y al final el espurio de Felipe Calderón. Sólo le quedo el rencor social de quien perdió.

A todo esto el PRD sigue sin entender que AMLO los esta llevando al desfiladero político, por sus locuras, AMLO tiene que definir su camino, las instituciones o la insurrección callejera, el ya nada tiene que ofrecer a sus seguidores, mas que puestos de un gabinete imaginario, después del fracaso de Tabasco al perder las elecciones y ahora con el desaire de la APPO, su derrota política se hace patente, para llorar. El PRD debe decidir si sigue a su Peje Pelele por la vía de la confrontación, el asalto al poder y la anulación de los procesos institucionales o decide alinearse como partido político dispuesto a las reformas por las vías legales.

Y en Oaxaca los APPO y los de la 22 Su movimiento ya se convirtió en guerrilla urbana, un grupo de choque, una comuna revolucionaria, anarquista y sobre todo fascista y represiva.
Con una ideología de izquierda fascista radical, su juego por ahora es el mismo que AMLO utiliza, hablar en nombre de una democracia que nunca han demostrado y para después instalar un sistema de toma de decisiones autoritarias y antidemocráticas. Como lo hizo en el zócalo.

En mi opinión no entiendo como quieren llegar a un dialogo los de la APPO y los de la 22 con el gobierno, con sus demandas, que son por demás absurdas y sediciosas, ellos piden la renuncia del gobernador Ulises Ruiz, como una de las soluciones al conflicto, pero si esto se diera como solución, el gobierno federal sentaría un precedente para que el día de mañana en otras entidades hicieran lo mismo, un puñado de revolucionarios quitarían a sus gobernantes a su antojo, al fin ya saben el camino. Y esto seria un grave error, un gravísimo error de gobernabilidad social y político, el costo a pagar seria muy alto con las consecuencias que esto podría acarrear. Con riesgo de encender una mecha explosiva para todos los estados.

En Oaxaca los de la APPO y los de la 22 con lema de que son pacíficos, mas de cien millones de pesos en pérdidas.

Han destruido y tomado por asalto radiodifusoras.
Han saqueado oficinas ocupadas, y destruidos equipos de trabajo.
Han quemado camiones de transporte urbano de permisionarios y vehículos oficiales.
Han implantado estado de sitio a las diez de la noche.
Barricadas en el centro y toda la ciudad.
Violación de los derechos ciudadanos.
Roban a los ciudadanos al cruzar barricadas.
Cobros de impuestos revolucionarios.
Ataques contra bancos y empresas privadas porque representan el cochino capitalismo.
Venta de protección a los ciudadanos y comercio.
Llamados a la insurrección revolucionaria.
Persecución de ciudadanos de diferente partido político.
Agresión a funcionarios de gobierno y periodistas.
Y por supuesto les valió madres el año escolar a estos maestros.

La PFP llegó a Oaxaca a poner el orden en la anarquía revolucionaria que tenían los de la APPO y la 22 de los maestros, para ellos el concepto de autoridad es que todo es político y nada entienden como una relación gobierno y gobernados.
El uso de la fuerza pública no se ejerce como una petición ciudadana, si no como un recurso para establecer la ley y el orden que privan en este caso en la ciudad de Oaxaca. Esta acción estaba más que justificada y necesaria desde hace meses,
Pero los juegos políticos y el tiempo de elecciones fueron los factores principales para la no actuación y solución al conflicto de Oaxaca, Una total anarquía propiciada.
Los medios critican las acciones de la PFP en Oaxaca y la califican de represión.

Mientras AMLO y su partido de ratas al descubierto (PRD), hacen sus preparativos para su próxima “entronización real y legítima de su republica de Pejelandia”. Como Presidente Legítimo Pelele. Patético.

Por Raúl Lozano. Punto Político.