lunes, 3 de marzo de 2008

AMLO y Encinas

El 2008 será un año con pocos procesos políticos. Pero entre los que habrá, sin duda uno de los más importantes será el de sucesión en la presidencia nacional del PRD.

Andrés Manuel López Obrador ha tomado partido abiertamente en el proceso a favor de Alejandro Encinas, quien fue su secretario de gobierno y sucesor en la jefatura de gobierno del Distrito Federal. Se enfrenta así a Jesús Ortega, quien en varias ocasiones ha buscado ya de manera infructuosa la presidencia del partido y que es cabeza del llamado grupo de los Chuchos en el interior del PRD.

Ortega fue coordinador de campaña de López Obrador en la campaña presidencial del 2006. Tanto en el proceso electoral como en la amarga crisis postelectoral, el ex senador se comportó con absoluta lealtad a las posiciones del jefe, aun en los casos en que éstas tomaron rumbos absurdos, como el plantón en el Paseo de la Reforma de la ciudad de México. Sin embargo, López Obrador ahora no sólo está apoyando a Encinas sino que lo está haciendo diciendo que no hay lugar en el PRD para los “moderados”.

Es difícil saber si López Obrador tiene la fuerza dentro del PRD para lograr la imposición de su candidato en la presidencia nacional del partido. No hay duda de que públicamente todos los perredistas importantes le rinden pleitesía, pero en privado hay muchos que consideran que su influencia sobre el partido está siendo negativa. Les preocupa en particular la imagen de radicalismo que promueve y la cual ha revivido la visión del PRD como un partido intransigente y violento.
Para López Obrador es importante controlar la presidencia nacional del partido porque desde esta oficina se decidirán en buena medida las candidaturas a diputados federales para los comicios del 2009. Y ese control habrá de ser crucial, por supuesto, para definir la candidatura presidencial del 2012.
Andrés Manuel no ha indicado todavía si aspirará a la candidatura presidencial de su partido en el 2012. Pero de lo que no cabe duda es que no quiere que esta candidatura quede en manos de los “moderados”, como Jesús Ortega o Amalia García. Si no es él, López Obrador seguramente buscará promover a Marcelo Ebrard.

Alejandro Encinas es una parte fundamental en este esfuerzo. Si bien no es necesariamente un radical, pues en todo caso se caracteriza por su habilidad para conciliar diferencias entre distintos grupos políticos, en los últimos años Encinas se ha convertido en un instrumento a modo para aplicar las estrategias de López Obrador. Especialmente importante fue su apoyo, en el tiempo en que fue jefe de gobierno sustituto en el Distrito Federal, al bloqueo del Paseo de la Reforma y el centro histórico que organizó López Obrador para protestar por su derrota en la elección presidencial del 2006. Otro jefe de gobierno quizá habría sentido la tentación de aplicar la ley y mantener abiertas las vías de comunicación.

La influencia de López Obrador en el PRD es enorme, pero Ortega y los Chuchos han demostrado ya en varias ocasiones su control sobre los miembros del PRD. De lo que no hay duda es que el combate entre estas dos tribus perredistas puede ser brutal.

Por Sergio Sarmiento

Post RLB. Punto Politico.

AMLO y Marx: tragedia y farsa

+ En 1996, el numerito de PEMEX
Nunca como ahora se le puede aplicar a López Obrador aquella corrección que hizo Karl Marx a Hegel respecto a que los hechos históricos se repetían dos veces: Marx acotó que una vez como tragedia y otra como farsa.
La amenaza de violentar al país por la reforma energética no sólo cae en el delito de motín tipificado por el código penal, sino que tratará de repetir el numerito de 1996 cuando López Obrador tomó por asalto pozos petroleros en Pemex y dos de sus colaboradores --Alejandro Encinas y Jesús Martín del Campo--
atacaron a golpes a guardias de seguridad en la Torre de Pemex.
La ofensiva obradorista contra Pemex en 1996 provocó pérdidas económicas de 5 millones de pesos diarios, choques policiacos y el propio López Obrador salió con un toletazo en la cabeza.
Ese movimiento fue definido por el tabasqueño como pacífico, pero terminó en violencia provocada por sus seguidores al atacar a la policía. Varios líderes del movimiento violento fueron detenidos, pero López Obrador amenazó con aumentar la escalada si no eran liberados.

Por tanto, los mexicanos ya vieron la película perredista del petróleo. No es la primera vez que López Obrador utiliza el petróleo como instrumento de chantaje. En 1993 el entonces regente salinista Manuel Camacho quiso usar fondos de Pemex para pagarle a los marchistas obradoristas que se habían sentado en el zócalo para impedir el grito y el desfile de septiembre. Como Pemex era acusada por López Obrador, que Pemex pagara.

Pero a Camacho le dijeron que no y tuvo que sacar el dinero de otra parte, dicen que de la cuenta secreta del presidente de la república. El dinero fue entregado en efectivo a López Obrador para “comprar” su salida del zócalo. Camacho pago diciendo que era por el “desgaste físico” de los marchistas, aunque el acto en realidad tenía otro nombre: soborno. U otro peor: compra de protección al estilo de las mafias. O vulgar chantaje.

Pemex, los pozos petroleros y el petróleo ha sido la vaquita que suele ordeñar López Obrador cada tiempo para reposicionarse políticamente. En su libro Entre la historia y la esperanza, López Obrador cuenta que el senador Audárico Hernández había propuesto el bloqueo a instalaciones petroleras como una forma de protesta contra la victoria electoral de Roberto Madrazo de 1994.
López Obrador anunció en un mitin de enero de 1995 su plan de desobediencia civil ante su derrota electoral: “ese día propusimos a la gente el inicio de una nueva etapa de la desobediencia civil, bajo seis fundamentos básicos: no reconocer al gobierno de Roberto Madrazo ni a los gobiernos municipales espurios, no pagar impuestos ni derechos al gobierno, no pagar ningún crédito no al gobierno ni a los bancos, no comprar en comercios o establecimientos de priístas autoritarios e intolerantes y no consumir productos fabricados o distribuidos por empresarios antidemocráticos”. Y en el plantón, declaró que “esta zona es territorio libre y de resistencia civil”.
La misma estrategia de siempre. La misma que aplicará en su lucha minoritaria contra una reforma energética inexistente. Las mismas amenazas de violencia dentro de movilizaciones discursivamente pacíficas. Las mismas tácticas para obligar al gobierno a aplicar propuestas obradoristas sin pasar por ninguna de las formas tradicionales de la democracia.
En el fondo, López Obrador ha agotado el camino de la política como la búsqueda de consensos o la expresión mayoritaria. Sus movilizaciones al margen de la ley, desde las de 1994 hasta las que vienen por la reforma energética, son delitos tipificados como motín en el artículo 131 código penal:
“Se aplicará la pena de seis meses a siete años de prisión y multa hasta de cinco mil pesos, a quienes para hacer uso de un derecho o pretextando su ejercicio o para evitar el cumplimiento de una ley, se reúnan tumultuariamente y perturben el orden público con empleo de violencia en las personas o sobre las cosas, o amenacen a la autoridad para intimidarla u obligarla a tomar alguna determinación”.
Los avisos de López Obrador de que habrá movilizaciones y violencia si se aprueba una inexistente reforma energética son en realidad amenazas contra las autoridades para intimidarlas y obligarlas a no modificar la política energética, aunque se pueda tratar de una reforma que pudiera ser avalada por la mayoría de legisladores.
Pero se trata, en el juego de tiempos de Marx, de una historia que ayer fue tragedia y hoy aparece como farsa. En 1996, ante la toma de pozos, el senador Audárico Hernández advirtió: “si no está Andrés Manuel, ¿quién controla a la gente? El pueblo es peligroso”. Pero se usó la fuerza para desalojarlos y nada pasó. Hubo detenidos y nada ocurrió. López Obrador amenazó con más violencia y nada. Alejandro Encinas, hoy candidato obradorista al PRD, golpeó en 1996 --se ve en un video-- a enclenques guardias de Pemex. Era la resistencia pacífica de López Obrador.
Lo que falta por aclarar es si las amenazas de violencia de López Obrador son personales o son intimidaciones del PRD como partido.
Por Carlos Ramírez
Post RLB. Punto Politico

sábado, 1 de marzo de 2008

AMLO: PRD para insurrección + No dirección sino un caudillo

A pesar de las voces de advertencia dentro del partido, al final Andrés Manuel López Obrador está llevando al PRD a una situación de movimiento insurreccional. De manera autoritaria, se niega a asumir su porcentaje electoral y ya amenazó con el uso de la violencia para impedir la reforma energética.
Por tanto, el escenario de la elección interna en el PRD ya se aclaró: hay dos propuestas. López Obrador y Alejandro Encinas representan la vía perredista de la insurrección para imponer la voluntad de una minoría por la vía de la violencia callejera y Jesús Ortega y Cuauhtémoc Cárdenas --cada uno en su propio espacio-- proponen el camino de la transición pactada.

López Obrador ya mostró sus cartas: una presidencia ilegítima que desconoce a las instituciones, un movimiento de masas violento que no respetó ni a los de casa --la agresión contra el senador perredista Carlos Navarrete--, el desconocimiento de la institución presidencial y del ejército por Marcelo Ebrard y Ruth Zavaleta y la creación de un espacio político separatista.
El problema de López Obrador no radica en sus intenciones sino en sus definiciones. Desde que comenzó su lucha como líder social, López Obrador se ha negado a aceptar la institucionalidad legal: levantó a campesinos contra Pemex, tomó pozos petroleros, impuso su candidatura al DF violando la ley electoral, gobernó la ciudad de México al margen de la república, anunció su victoria electoral sin presentar ni una sola prueba y fundó su república de carnaval con una presidencia financiada con la pobreza de los más pobres.
Ahora López Obrador quiere engullirse al PRD. Y no porque no tenga el control sobre las bases del partido, sino porque el perredismo ya se fracturó en dos corrientes principales: el lopezobradorismo y Nueva Izquierda. Y flotando sobre ellos sigue la presencia política de Cuauhtémoc Cárdenas como figura de consenso, aunque el tabasqueño ha comenzado ya una estrategia para desprestigiar al michoacano.
López Obrador ha dado ya pasos decisivos para asumir el control del PRD: convirtió a Encinas en su pelele para la presidencia del partido, violó las leyes electorales al mandar cartas de apoyo a Encinas, ha convertido la reforma energética en una bandera de su candidato y ha decidido ya no ser un factor de unidad sino de ruptura partidista.
A lo largo de los meses posteriores a su derrota electoral, López Obrador se percató que su caudillismo es insuficiente. El control del partido le dará la perla más preciada del esquema electoral: los fondos públicos millonarios a los partidos. Asimismo, el control del partido le daría un mayor posicionamiento rupturista porque entonces podría doblegar a las bancadas perredistas en las cámaras que hasta ahora han logrado escabullirse por algunos resquicios para participar en algunos espacios institucionales.
López Obrador quiere el control del PRD para que Alejandro Encinas anuncie formalmente la ruptura del partido con el sistema institucional. Ello obligaría a las bancadas perredistas en los congresos a renunciar a sus cargos o renunciar al partido. También llevaría a un choque con los gobernadores perredistas que reconocieron a Calderón como presidente de la república. Y finalmente movilizaría a las masas para imponer decisiones sin pasar por los equilibrios democráticos.
La lucha lopezobradorista contra la reforma energética carece de sustento político, económico y de gobierno. Se trata solamente de una bandera política. En el fondo, López Obrador es un conservador. En su propuesta de gobierno de su campaña del 2006 propuso la apertura de Pemex a la inversión privada. Hoy no sólo la niega sino que la maldice. Y cuando tiene que explicar esa incoherencia, sólo acierta a declarar que él como oposición no permitiría esa asociación pero que la alentaría si fuera el presidente de la república.
En este contexto, López Obrador decidió llevar al PRD a una situación límite: o se subordina a su control político o se divide. Por eso el tabasqueño ha conducido al PRD a un escenario de polarización, encono y violencia interna. La agresión el domingo contra el senador perredista Carlos Navarrete fue preparada para acelerar las contradicciones. Lo mismo hizo durante el plantón cuando permitió que la escritora Elena Poniatowska acusara a Cuauhtémoc Cárdenas de envidioso por no apoyar la campaña de López Obrador y las masas atacaron ruidosamente al fundador del PRD.
El PRD ha sido colocado por el López Obrador en el terreno de las definiciones fundamentales: o un partido que luche por el poder por la vía democrática o un partid que se convierta en un movimiento violento de masas para imponer decisiones que no pasarían la prueba del consenso electoral. Y como aviso, López Obrador ya dijo que habrá violencia si se impone una reforma energética que no sea la suya.
Así que el PRD define su futuro: la transición o la insurrección. No habrá términos medios. Ortega o Encinas.

Por Carlos Ramírez
Post RLB. Punto Politico.

martes, 26 de febrero de 2008

Sí importa el color del gato

Decepcionante. La izquierda mexicana, en uno de sus mejores representantes, no ha dejado de ser un acrítico supérstite de los mismos bocetos, la misma subcultura nacional-revolucionaria, el mismo colectivismo, los mismos símbolos, la misma pequeñez, el mismo conservadurismo del trasnoche, la misma mediocridad, la misma ignorancia, los mismos fetiches, el mismo miedo de cambiar.
El Club de Industriales es uno de los principales foros políticos y económicos de México. Allí las cosas pasan. Es una de las principales sedes para el México que piensa, que mira adelante, que participa. Acudo allí al menos dos veces por semana, para eso: pensar, conversar, participar, aprender.

Allí se presentó Jesús Ortega, aspirante a dirigir el PRD. Aplaudible fue su discurso inicial ante un público amplio, fundamentalmente empresarial, deseoso de escuchar a una izquierda civilizada. Habló de modernidad, tiempos nuevos, competitividad, apertura; de fomentar el empleo, contra los izquierdosos tradicionalistas dogmáticos que veían al trabajo subordinado como plusvalía explotada. Aceptó un iva generalizado, siempre y cuando fuese eficaz el impuesto sobre la renta; y criticó a la “derecha” que no sabe cazar ratones.

Citó: no importa de qué color sea el gato, siempre y cuando cace ratones, famosa expresión del sucesor de Mao, Deng Xiao Ping. El camarada Deng sí leyó a Confucio, y sí practicaba lo que decía: dio libertad a más seres humanos que nadie más en la historia de la humanidad. Así, si Ortega lo cita, ¿podrá ese precandidato liberar a sus compatriotas, enriquecerlos, ofrecer algo nuevo y apasionante? ¿Será líder del futuro, como lo ofrece?

Dúdolo. Cerca de la mitad de las preguntas se referían a una palabra muy usada hoy: petróleo. El presidente del Club, José Carral Escalante, le hizo una muy pertinente, aprovechando que Ortega había opinado que el petróleo no le pertenece al gobierno, y mucho menos al sindicato. Le pertenece a la nación. Y además, había criticado a los monopolios.

Propuso empresas que compitieran con el gran monstruo monopólico gubernamental-sindical llamado Petróleos Mexicanos. Que pudiéramos los nacionales apoyar lo que es de la nación. Que el mismísimo gobierno pudiera abrir otras empresas, una probablemente llamada “Hidrocarburos Nacionales”.

Tiene razón Pepe Carral; Pémex no figura en la Constitución ni nuestra ley fundamental manda que deba explotar el petróleo un solo organismo. Y la nación la componemos los nacionales, es decir, los mexicanos.

Las preguntas difíciles impelen a ciertos interrogados a imitar a las palomillas que revolotean alrededor del foco sin aterrizar en él, para evitar quemarse con una respuesta políticamente incorrecta o entrar en el incómodo terreno del compromiso. Las tangentes del círculo ofrecen la ventaja de patinar impunemente. Sin entrarle al asunto. Sin comprometerse. Y dan oportunidad de contradecirse; por ejemplo, defender que haya monopolios pero porque la Constitución los permite, siempre y cuando sean del gobierno. Muy bueno el gato, si la Constitución lo deja manco.

Y reconoce que Pemex no funciona ni enriquece a la nación. Es un nido sindical de ratas. Pero no hay que cambiar su status gubernamental y monopólico. Ni la mitología “revolucionaria” que tanto conocemos. Lo mismo. El mismo rollo. La misma corrección política. La misma teología laica. Los mismos, intocables tabúes profano-religiosos. Los mismos ataques –but of course— contra el “neoliberalismo”, ese conocido monstruo. El mismo esperpento, ese fantasmagórico espantajo, la misma maquinación mental que tanto ha atacado a la inerme raza de bronce.

Pepe Carral, desde el micrófono, dejó con todas sus letras explícitamente claro lo que a todos nos había quedado igual de claro: Jesús Ortega no respondió la pregunta.

Decepcionante. La izquierda mexicana, en uno de sus mejores representantes, no ha dejado de ser un acrítico supérstite de los mismos bocetos, la misma subcultura nacional-revolucionaria, el mismo colectivismo, los mismos símbolos, la misma pequeñez, el mismo conservadurismo del trasnoche, la misma mediocridad, la misma ignorancia, los mismos fetiches, el mismo miedo de cambiar. No abandona su tradición autoritaria, colectivista, simbólica, controlista, mitológica. No aprende. No conoce el mundo real, ése que avanza y aprende y se mueve sin que nuestra gloriosa estulticia le resulte relevante. No, no es esa la izquierda que México necesita. No, pero… ¿cuál otra hay? ¿La del Peje?

Y hay que cazar ratones. Claro. Pero siempre y cuando el gato no sea neoliberal.

Por Fernando Amerlinck

Post. RLB. Punto Politico.

martes, 19 de febrero de 2008

Narcoviolencia llegó al DF


Ya lo habían avisado. Ya se esperaba. Ya había indicios bastante serios. Pero nadie hizo algo para evitarlo. Y el DF, la ciudad de las esperanza gobernada por el PRD en función de los vicios corporativos del PRI, entró en la lista de ciudades afectadas por la narcoviolencia.

El gobierno capitalino puede culpar el gobierno federal de lo ocurrido. Que si es asunto federal, que cualquier cosa. Lo cierto es que en el DF se vive un escenario micropolítico de por qué el narcotráfico llega a apoderarse de una ciudad: el vacío político, económico, social y sobre todo de gobierno.
Los avisos fueron a tiempo. Las casas de seguridad de los narcos. El DF como territorio de paso de la droga.
Las narcotienditas. El aumento en el consumo. Es decir, todos los elementos que revelan la ruptura del tejido social y político de la capital de la república.
Marcelo Ebrard puede aventarle la culpa a quien quiera. Pero el gobierno de López Obrador falló en la cohesión interna y en la aplicación de medidas para evitar la consolidación de una estructura criminal en el DF. Es decir, fracasó el tejido social del PRD hecho gobierno. Lo grave es que Ebrard fue secretario de Seguridad Pública del gobierno de López Obrador. ¿No supo de la llegada de los narcos, no estableció vigilancia social para evitar que se estableciera, no recibió a tiempo las denuncias contra las primeras narcotienditas?
Nada hizo para evitarlo. Ahora el narco en el DF es un monstruo de mil cabezas, en una estructura de poder que rebasa -si no es que ha penetrado y cooptado- las estructuras policías y de seguridad. No pasa día en que no haya una banda de narcos detenida y en ella participe algún policía capitalino. Peor aún: el jefe del estado mayor de la policía judicial del DF, Ricardo McGregor, salió de la corporación bajo la sospecha de estar ligado con sicarios que querían asesinar al subprocurador federal José Luis Santiago Vasconcelos.

La lucha contra el narcotráfico no es sólo una responsabilidad de la PGR o del ejército, sino que involucra la corresponsabilidad de las autoridades locales.
Y sobre todo, de las estructuras políticas que tienen la obligación de blindar a la sociedad para evitar la penetración de las mafias de la droga.
La narcoviolencia llegó al DF.
El viernes estalló una bomba en las cercanías de Seguridad Pública capitalina. Lo de menos es interpretar el mensaje. Lo cierto y lo grave es que los gobiernos federal y capitalino han fracasado en mantener a la capital de la república blindada de los efectos nocivos del narcotráfico.
Ahora será demasiado tarde porque el narco ya se metió en los tejidos social, político, económico, de gobierno.
Por Carlos Ramírez
Post RLB. Punto Politico.

Carlos Fuentes vs Hugo Chávez

El escritor mexicano Carlos Fuentes calificó al presidente venezolano Hugo Chávez de "demagogo lloricón" sin rasgos redimibles, que le disgusta en su totalidad.

"Estuvo a punto de perder el poder. Se protegió en la iglesia. Lloraba. Es un hombre sin sustancia, un Mussolini tropical de cuarta. No tiene mucha importancia", dijo el intelectual en una entrevista con AP. "Me parece un demagogo lloricón".

Y reiteró que el sistema político de Venezuela no es socialismo sino fascismo.
"Mussolini con plátanos. Banana Mussolini", agregó.
Preguntado si el mandatario venezolano tenía algún rasgo redimible, Fuentes replicó: "Para mí, no, quizás para Dios, sí".
El autor de "La región más transparente" comparó al mandatario venezolano con Fidel Castro, a quien calificó de "hombre respetable".
"Uno es autentico, el otro es un farsante", apuntó diferenciando a los presidentes. "Uno no puede estar de acuerdo con Fidel, pero hay que respetarlo.... El otro es un improvisado... que no va durar mucho".
Fuentes, quien está en Los Angeles para participar por primera vez en un taller literario dado por una universidad mexicana en Estados Unidos, recalcó que le disgusta todo de Chávez, pero que no es nada personal.
"(Es la) función que (Chávez) cumple, su pretensión dictatorial, esta manía de dictador latinoamericano, de tipo autoritario, de distraer sus fracasos internos creando problemas exteriores", explicó.

Al mismo tiempo, criticó el culto a la personalidad que se le rinde al presidente venezolano.
"De eso vive Chávez, del culto a la personalidad", acotó.
Fuentes, quien en noviembre cumple 80 años, también fustigó al presidente estadounidense George Bush.
"Yo creo que el gran fracaso de la presidencia de Bush es que creyó que entraba a un mundo que iba a dominar... y ya vemos que no así", agregó. "Se les vino abajo el proyecto porque el mundo actual ya no admite una sola potencia".

Por Raul Lozano B

Post RLB. Punto Politico.

martes, 12 de febrero de 2008

Elecciones: no autonomía total / PRI y PAN en trampa de AMLO

Si se revisan a fondo las evidencias, el IFE de Luis Carlos Ugalde no falló en el conteo electoral. La crisis del organismo electoral estalló porque el candidato perredista López Obrador no respetó las cifras oficiales y anunció su victoria sin presentar ninguna prueba documental.

Por tanto, la reforma del organismo electoral y la designación de un consejero presidente avalado por el PRD sembraron las semillas de los próximos conflictos poselectorales. Los resultados válidos de las elecciones ya no saldrán del IFE ni del PRD sino de López Obrador.
Y como López Obrador ya anunció que será candidato presidencial en el 2012, con IFE o sin IFE, con Leonardo Valdés o sin Leonardo Valdés, el ganador de las próximas elecciones presidenciales será López Obrador o nadie. En caso de que no gane, desde ahora es de esperar no sólo un conflicto poselectoral violento sino que estallará lo que prepara desde ahora: una verdadera insurrección política con los grupos radicales que ha sumado para su causa.
El PRI y el PAN, por tanto, no midieron la desmesura de la reorganización del IFE ni menos aún calibraron el juego de López Obrador. En el 2012 se va a repetir el numerito: López Obrador --y no el IFE-- va a decir con cuántos votos ganó la presidencia. En el 2006, pese a tener copias de las actas con cifras oficiales, López Obrador anunció su victoria, recordó que su encuesta le daba 10 puntos porcentuales de ventaja y mandó a Martí Batres al Zócalo a decir que había ganado con 500 mil votos de ventaja que nunca probó.

Lo grave de todo fue la complicidad del PRD. Como partido en competencia, el PRD tenía en su poder las copias de todas las actas de las casillas. Con base en esas cifras, el partido del sol azteca debió de haber ofrecido sus cifras probadas, no las expectativas. Pero el PRD nunca ofreció las cifras de sus actas porque en ellas se acreditaba la derrota de López Obrador y la victoria de Felipe Calderón.
En este contexto, el PRI y el PAN tuvieron en las manos las posibilidades de una verdadera reforma del principal organismo electoral. Pero en lugar de perfeccionar sus funciones, los dos decidieron cederle al PRD la presidencia del IFE. Pero el problema de los conflictos poselectorales no se localizaba ya en la presidencia del IFE, al grado de que nadie pudo probarle a Ugalde el fraude electoral, sino en el comportamiento irracional de políticos que acuden a elecciones para imponer su victoria y no derivarla del conteo de los votos.
Y un poco como probadita de lo que viene, López Obrador no le otorgó credibilidad a la designación de Leonardo Valdés como consejero presidente del IFE a pesar de haber sido imposición de su partido. Por tanto, el papel de Valdés quedó sin validez porque el líder del partido que lo puso en esa posición no le otorgó siquiera el beneficio de la duda.
La estrategia de López Obrador está clara: ganar la presidencia de la república al margen de las instituciones electorales. Por eso se ha dedicado a organizar a los grupos radicales con el anzuelo de que va a ganar la presidencia en el 2012. Si la vuelve a perder, de nueva cuenta denunciará que fue víctima del sistema político en el cual, por cierto, participa su partido con un tercio de la presencia.
Por tanto, las elecciones presidenciales del 2012 se van a decidir en las calles y no en las urnas y menos en el Instituto Federal Electoral. De ahí que el PRI y el PAN hayan caído en el garlito del tabasqueño en lugar de analizar el escenario político en prospectiva si López Obrador no va a respetar al IFE. El PRI y el PAN perdieron la oportunidad de reorganizar a fondo el órgano electoral.
El PRD iba por su parte del pastel que le negaron en la última reforma electoral. El PRI y el PAN aprovecharon la oportunidad para imponer a consejeros con filiación de su partido. Pero la única manera de eludir la ambición de los partidos de recuperar el control sobre el IFE y su influencia sobre las elecciones era sacar a los partidos del instituto y crear una dirección ajena al reparto del pastel electoral entre los partidos. Es decir, un IFE con funcionarios profesionales y no consejeros impuestos por los partidos.
El IFE es el último de los dinosaurios electorales en donde los partidos son parte de los procesos electorales pero al mismo tiempo juegan como jueces de las contiendas electorales. La verdadera democracia electoral llegará cuando las elecciones las haga un organismo electoral independiente de los partidos y del gobierno.
¿Alguien se imagina a Bill Clinton como representante de su esposa en el organismo electoral norteamericano?
La ciudadanización absoluta del IFE es el único camino de la verdadera democracia electoral. Pero el PRI y el PAN no sólo aniquilaron la presencia ciudadana en el instituto sino que le entregaron al candidato presidencial López Obrador la calificación de las elecciones del 2012. Y no a través del representante perredista Leonardo Valdés, sino que será el propio López Obrador dirá quién ganó las elecciones, al margen de los votos contados en el IFE.
Por Carlos Ramirez.
RLB Punto Politico