jueves, 16 de agosto de 2007

Mis derechos en una democracia

Uno de los medios que utilizaron las dictaduras del siglo XX para limitar la libertad de expresión y evitar la oposición fue la monopolización de los medios de comunicación.
La estatización y la clausura de los medios privados de comunicación es una de las características de los regímenes dictatoriales.
En las democracias, la propiedad privada de los medios de producción es el pilar de la libertad de expresión.

En Cuba no hay periódicos, estaciones de radio ni televisoras privadas. Todos los medios masivos de comunicación son del Estado. A todo aquel que se atreve a cuestionar al régimen dictatorial del “comandante”, lo acusan de “contrarrevolucionario”, saboteador o de estar al servicio de los imperialismos.
En los regímenes democráticos mis derechos tienen como límite los derechos de los demás. Puedo defender mi vida, pero sin quitársela a otros, al menos que flagrantemente pongan en peligro la mía y solamente en ausencia de una autoridad que me defienda.
Puedo disponer de mi propiedad, pero sin perjudicar la propiedad de terceros o los espacios públicos. Puedo quemar mi casa, pero si el fuego llega a un vecino o el humo daña el barrio, tendré que responder por esos daños materiales y ambientales.
En el caso de la libertad de expresión, puedo decir lo que quiera, pero si mis dichos implican calumnias y falsedades que dañan la reputación de un tercero, puedo ser castigado, si así lo determina un tribunal. La libertad de expresión, como todas las demás libertades, tiene un límite en los regímenes democráticos. Puedo manifestar en las calles, pero tengo como límite la libertad de tránsito de las otras personas y el no dañar sus bienes.
Cuando los límites entre mis derechos y los de los demás no están claros, las autoridades deben imparcialmente aclararlos. A la autoridad se le puede calificar de irresponsable cuando permite a otros pisotear nuestros derechos.
Por Luis Pazos.
Post RLB Punto Politico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario